El agua de la lluvia baña las montañas de la formación Monserrate, donde se originan el Río Inabón y el Río Guayo del Sur de Borikén.
El suelo, que alguna vez pisaron nuestros ancestros taínos, absorbe el agua para que comience el recorrido por cada poro y fisura hasta alcanzar 1,000 pies de profundidad.