La lluvia desciende sobre las montañas de la formación Monserrate, donde nacen el Río Inabón y el Río Guayo, en el sur de Borikén.
Sobre esta tierra, que alguna vez caminaron nuestros ancestros taínos, comienza un viaje silencioso. La tierra absorbe cada gota, que se abre paso lentamente entre sus poros y fisuras hasta alcanzar profundidades de más de 1,000 pies.
Allí, el tiempo hace su trabajo. A través de los años, el agua se enriquece naturalmente con electrolitos y minerales, desarrollando las cualidades que definen su pureza, composición y sabor.
Hasta convertirse en un acuífero: un reservorio natural donde el agua, protegida en las profundidades de nuestra tierra, conserva su pureza y su carácter alcalino.
Así nace Palma Coyor.
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